OFICINA DE PRENSA OPA

Dedicada al fortalecimiento pastoral de la Arquidiócesis de Mérida – Venezuela a través de los Medios de Comunicación Social

LA UNIVERSIDAD SIEMPRE ORO, INCIENSO Y MIRRA


William Lobo Quintero

La fiesta de los reyes magos, nos recuerda la leyenda de unos dones ofrecidos por estos distinguidos visitantes al niño Jesús en Belén: “Gaspar, el rey blanco, un cofre de oro; Melchor, el rey indio, un pebetero de incienso y Baltazar, el rey negro, un pomario de mirra”; metal, humo y esencia, cuyo estudio, liturgia y propiedades, siguieron un programa de investigación, de la Arquidiócesis de Mérida, hecho por el académico y químico Dr. Ricardo Rafael Contreras, entregado en 3 libros,  bautizado el último el 22-11 pasado: “Oro: el metal Sagrado”. En una hermosa presentación, dejó el Dr. Ricardo un saber inédito ante una numerosa concurrencia. Por tanto de la lectura de los tres textos, hemos  podido recoger una información muy interesante respecto a la liturgia y a las propiedades medicinales. Es el Oro, un metal noble, del cual se han labrado joyas artísticas en todos los tiempos, monedas, animales como el vellocino, estatuas de oro como la de Zeus en el templo de Olimpia, trajes de reinas y por supuesto vasos y arcas sagradas, entre ellas el Arca de la Alianza, que tuvo grandes poderes espirituales, llevada al cine. Se estima su alto valor comercial y se controla la explotación. Sus reservas en lingotes garantizan el valor de la moneda, y en nuestro país el gobierno en el 2011 repatrió sus reservas internacionales para protegerlas, aunque ha negociado parte de ellas, para lo cual debería haber hecho un referéndum. Respecto al culto sagrado, la iglesia usa el oro, buscando dignidad, decoro y belleza, como signos y símbolos de realidades celestiales, compatibles con el claro sentido de la fe. El oro tiene una propiedad antibacteriana aplicable para quienes usan los cálices o vasos eucarísticos. Respecto a la medicina, el oro es un metal de transición, útil como fármaco y compuesto químico, y con platino sirve al tratamiento del cáncer y otros tumores, inyecciones de oro para la artritis reumatoide, combinado con el sodio tiene una propiedad curativa de la tuberculosis, para la piel como en el lupus y un gran futuro en la Nanotecnología. El Incienso, o “Humo Sagrado”, tiene un olor suave y agradable que puede “aliviar la ansiedad y la depresión”, actuando como bálsamo místico en los actos religiosos, presente en las liturgias cristianas, “un perfume salado, puro y santo” que se incorpora en la cultura y el ritual. El acetato como humo deja en los feligreses “la sensación de tranquilidad, bienestar, relajamiento y paz interior”. El incienso es una resina aromática extraída del olívano, un árbol enano que crece en Omán y Somalia, una especie de pino, que se protege con serpientes venenosas, al cual se le dan cortes y destila la resina en días de calor, que brota y cristaliza. En los viajes de Marco Polo, se relata el transporte del incienso a través del desierto de Arabia en caravanas de camellos desde Dhofar en Aden, hacia Ubar, Gaza, Khor Rori o Alejandría. Hoy, los experimentos químicos obtienen del incienso aceites volátiles, esencias y pomadas, con propiedades antisépticas aplicables en infecciones bronquiales, urinarias, de cortaduras y quemaduras. La investigación tecnológica es intensa y detecta propiedades anticancerígenas, antimicrobianas y fungicidas, y son también prometedores los estudios del campo cerebral, el sistema nervioso, la psicología, los sentimientos, las emociones y la intuición. La Mirra, “La Sagrada Esencia”, cuyos perfumes respiran los dioses, para conservar la inmortalidad, que conjuntamente con el incienso anuncian la dulzura y la amargura de la vida, y por eso, “el ungüento de María en Betania es preludio de su muerte y resurrección”. La unción de mirra y su perfume alegran el corazón. Esta resina aromática se extrae de un árbol africano (myrrha) y fue utilizada en mezcla con otras especies para el embalsamiento de momias egipcias, un costoso procedimiento que solo lo pagaban los faraones adinerados, justificado por la creencia en la vida después de la muerte. Desde los tres mil años A.C., la mirra y el incienso eran quemados durante los ritos sagrados y las crónicas dicen que en los baños públicos romanos se utilizaba agua perfumada con mirra, siguiendo largos procesos de limpieza y depilación. En Grecia los aceites aromáticos eran preferidos por los atletas, los poetas y las mujeres para aumentar su belleza; y se creía que el uso del incienso y la mirra atraían la atención de los dioses. La Mirra se consideró como el bálsamo de Jerusalén, de fama farmacéutica, una panacea para la cicatrización de heridas, dolores de cabeza y estómago, hipertensión y cardiopatías. Es antioxidante, antiinflamatoria y se utiliza en cremas dentales. Gracias Dr. Ricardo, por abrir nuestro conocimiento y valorar los regalos de los reyes magos.

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Esta entrada fue publicada en 8 enero, 2013 por .
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