OFICINA DE PRENSA OPA

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Los Signos de Jesús

Por Pbro. Cándido Contreras Ochoa

Desde el pasado lunes, comenzamos en la Iglesia, a nivel litúrgico, el llamado tiempo ordinario; se llama así porque buscamos vivir los misterios de nuestra fe en la cotidianidad de la existencia, guiados por el Espíritu Santo.

En el ciclo litúrgico, correspondiente a este año, se nos propone el primer signo realizado por el Señor Jesús, según el evangelio de Juan este evangelista narra un milagro que los otros evangelios silencian; para el cuarto evangelista los milagros no solamente hacen presente el Reino de Dios en la vida humana, sino que son una invitación, un signo, para profundizar en la fe.

Para el Señor Jesús, el Reino de los Cielos es semejante a un banquete de bodas; el cuarto evangelista sitúa el primer signo en un banquete de bodas; los nuevos esposos y sus familias se ven envueltos en un grave problema al acabarse el vino en medio de la celebración. En ellos podemos ver reflejada la humanidad entera que, aunque quiere celebrar la fiesta de la vida, siempre se encuentra con una serie de problemas al parecer insolubles.

Lo bueno para aquella familia era haber invitado al Señor Jesús con sus discípulos y que la Virgen Madre, estuviese allí presente ayudando en los menesteres de la fiesta. Ella al darse cuenta del problema, se lo presenta a su Hijo; a pesar de una aparente respuesta desconsiderada, o al menos incomprensible, hace una invitación que es la clave para la solución de todos los problemas: “hagan lo que él les diga”.

El Señor Jesús realiza un signo que hace pregustar la alegría del Reino de Dios; partiendo de la búsqueda de los seres humanos para ser felices, simbolizada en las tinajas de piedra que se llenaban de agua para las purificaciones religiosas judías, el Señor convierte el agua en vino que simboliza su sangre derramada en la cruz para manifestarnos el perdón ilimitado del Padre Dios. Los rituales de purificación no llenan de paz y alegría el corazón; el perdón y la paz sólo las puede brindar, gratuitamente, el Padre Dios.

El Señor Jesús, con sus signos, viene a invitarnos a participar en el Reino de Dios, el cual podemos pregustar aquí en esta tierra celebrando el banquete de la vida, haciendo lo que el Señor nos dice: amarnos unos a otros; ese amor se manifiesta en la oración, el servicio desinteresado, en el diálogo, el perdón y la solidaridad.

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Esta entrada fue publicada en 18 enero, 2013 por .
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