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La Crónica Menor

LOS 35 DOCTORES DE LA IGLESIA

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

Doctor de la Iglesia es un título especial que se da a ciertos santos en quienes se reconoce su condición de maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos. En los primeros siglos fue un reconocimiento casi espontáneo dado a los más representativos Padres de la Iglesia que dejaron escritos que han inspirado a muchos más allá del territorio donde vivieron. Son cuatro de la Iglesia Latina: San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio Magno. Y cuatro de la Iglesia de Oriente: San Basilio, San Gregorio Nacianceno, San Juan Crisóstomo y San Atanasio.
Habrá que esperar hasta el Concilio de Trento (s. XVI) para que los Papas comiencen a darle el título de doctor a connotados santos, ilustres por su doctrina e influencia. En orden cronológico: Santo Tomás de Aquino (1567), San Buenaventura (1588), San Anselmo (1720), San Isidoro de Sevilla (1722), San Pedro Crisólogo (1729), San León Magno (1754), San Pedro Damián (1828), San Bernardo (1830), San Hilario de Poitiers (1851), San Francisco de Sales (1871), San Alfonso María de Ligorio (1871), San Cirilo de Jerusalén (1882), San Cirilo de Alejandría (1882), San Juan Damasceno (1890), San Beda el Venerable (1899), San Efrén (1920), San Pedro Canisio (1925), San Juan de la Cruz (1926), San Alberto Magno (1931), San Roberto Belarmino (1931), San Antonio de Padua (1946), San Lorenzo de Brindisi (1959), Santa Teresa de Jesús (1970), Santa Catalina de Siena (1870), Santa Teresa del Niño Jesús (1997), San Juan de Ávila (2012) y Santa Hildegarda de Bingen (2012).
La mayoría son obispos (18). Cuatro son mujeres. Papas dos. Fundadores o reformadores de órdenes religiosas cinco. Cinco benedictinos, tres dominicos, tres franciscanos, dos jesuitas, un diácono y nueve sacerdotes. Treinta y dos de ellos europeos, dos africanos, uno del medio oriente y ningún latinoamericano. Si se publicaran todas las obras de los mencionados en una sola colección ocuparían centenares de volúmenes, pues las obras de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, por citar a dos de los más prolíficos, abarcarían más de cien gruesos títulos.
Doctores tiene la Iglesia es una expresión del refranero que remite las cosas difíciles a los expertos o que sirve para eludir responder a una cuestión en la que no estamos muy seguros de dar en el clavo. La tradición remite su origen al Catecismo del Padre Astete, en el siglo XVII. Buena falta nos hacen doctores de verdad para desentrañar la maraña en la que nos meten los leguleyos de oficio, descubriéndole cinco patas al gato para favorecer a los suyos.
4.- 8-1-13 (2630)

JUAN PABLO DUARTE

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

Los auténticos padres de las patrias latinoamericanas no contaron en vida con el aplauso y seguimiento de sus coterráneos. La lucha por la libertad y la democracia ha caminado hasta hoy por senderos tortuosos y fragosos. Los discursos épicos oficiales los presentan como semidioses ungidos de la verdad y la razón. Pero la realidad ha sido que sus vidas estuvieron estigmatizadas por la incomprensión, la calumnia y el ostracismo. El tiempo, que todo lo decanta, nos los muestra ahora como lo que debieron ser siempre: maestros y padres de la patria.
Uno de estos prohombres civilistas a pesar de ostentar el grado de general, fue Juan Pablo Duarte, padre de la patria y fundador de la República Dominicana. Sus coterráneos han decretado la celebración del bicentenario de su nacimiento, que tuvo lugar en la ciudad de Santo Domingo el 26 de enero de 1813.
Venezuela no debe estar ausente de estas efemérides, pues Duarte vino a Venezuela en varias oportunidades y aquí pasó la mitad de su vida. La primera, en 1841, en actividades relacionadas con los negocios de su padre, ocasión que aprovechó para recabar ayuda de las autoridades venezolanas para la causa independentista de su patria. Volverá con casi toda su familia, proscrito por el Presidente Pedro Santana, al declararlo traidor a la patria y expulsado a perpetuidad, en 1844.
Casi nada se sabe de su paradero en medio de las selvas venezolanas por más de doce años. En 1862, consta que estaba avecinado en San Fernando de Apure. Ante la noticia de la anexión de su patria a España, se dirige a Caracas y emprende actividades a favor de la restauración de la República Dominicana, recibiendo una pequeña ayuda de las autoridades locales.
En 1864 regresa a su patria en medio del convulsionado clima política que allí reinaba. Seis meses más tarde se resiste a ser enviado a Venezuela, pero termina aceptando por breve tiempo la representación diplomática en nuestra tierra. Al restaurarse la república en 1865 fue instado a regresar, pero no aceptó. Permaneció en Caracas donde falleció el 15 de julio de 1876, recibiendo cristiana sepultura en el Cementerio General del Sur, inaugurado poco ante por Guzmán Blanco. Sus restos fueron repatriados en 1884.
“El patriotismo sin par de Juan Pablo Duarte, su radical nacionalismo, sus saludables ideas políticas, su religiosidad, su misticismo, su grandeza en la adversidad, su culto a la amistad, su abnegación, su estoicismo, y hasta sus eternos infortunios, son atrayentes fases de su vida, merecedoras de estudios especiales”.
Juan Pablo Duarte es uno de los hacedores de la gran patria latinoamericana, sedienta de hombres como él: de una sola pieza, insobornables ante el poder y el halago. 28-11-12 (2766)

BENDITOS LOS QUE CONSTRUYEN LA PAZ

Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo

 Hace 46 años, apenas concluido el Concilio Vaticano II, Pablo VI instituyó la jornada mundial por la paz, el día primero de cada año. El mensaje de este año de Benedicto XVI nos cae de perlas a los venezolanos: Benditos los que construyen la paz. Es tarea ineludible para superar la polarización y exclusión existentes. Me permito glosar sus puntos más pertinentes a nuestra realidad e invito a su lectura completa.

Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. Pido a Dios que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos. Conflictos en curso, creciente desigualdad entre ricos y pobres, predominio de una mentalidad egoísta e individualista, terrorismo y delincuencia representan un peligro para la paz.

El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. La bienaventuranza de Jesús dice que la paz es al mismo tiempo un don mesiánico y una obra humana. Comporta la construcción de una convivencia basada en la verdad, la libertad, el amor y la justicia.

La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida.

Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. El justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no está adecuadamente valorizado. Es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Se necesitan por parte de los estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se preocupen del progreso social y la universalización de un estado de derecho y democrático.

Todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea. En esta inmensa tarea están implicadas las comunidades religiosas. Las instituciones culturales, escolares y universitarias desempeñan una misión especial en relación con la paz. A ellas se les pide una contribución significativa en la formación de nuevas generaciones de líderes y en la renovación de las instituciones públicas.

Hay que proponer y promover una pedagogía de la paz. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia.  1-1-13 (2750)

 

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